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Se hizo la luz

El proyecto parte del traslado de un equipo de 23 personas a unas nuevas oficinas de 400 m² en Balmes 89, Barcelona. El objetivo era aprovechar el cambio de sede para mejorar de forma significativa la calidad del entorno de trabajo, creando unas oficinas más luminosas, cómodas y adaptadas a las necesidades reales del equipo.

Desde el inicio, el proyecto estuvo condicionado por dos factores especialmente exigentes: un plazo de entrega y un presupuesto muy definidos, y las características técnicas del propio espacio. La poca altura libre y la presencia de numerosas instalaciones vistas obligaron a trabajar cada decisión de diseño y construcción con especial precisión.

Diseñar alrededor de lo que no se puede ocultar

Uno de los principales retos estuvo en el tratamiento de los techos. En lugar de intentar esconder unas instalaciones que ocupaban gran parte del espacio disponible, el proyecto buscó integrarlas de manera coherente, cuidando especialmente los encuentros, acabados y soluciones acústicas para conseguir un resultado limpio y equilibrado.

La distribución permitió, además, ganar más zonas de reunión, mayor capacidad de almacenaje y una mejor relación visual entre los distintos espacios. La transparencia se convirtió en una herramienta para favorecer la entrada de luz natural y generar una oficina más abierta y conectada, sin renunciar al confort acústico necesario para el trabajo diario.

Mobiliario para diferentes formas de trabajar

La selección de mobiliario combinó soluciones operativas de JG, sillas de Herman Miller y piezas de firmas como ICF, Andreu World, Vitra y Fantoni en despachos, salas de reunión y espacios representativos.

Esta combinación permitió responder a las distintas necesidades del proyecto con una misma lógica: funcionalidad, durabilidad y calidad, construyendo un entorno profesional sin que el espacio perdiera calidez ni personalidad.

Un cambio que se percibe desde el primer día

Frente a las oficinas anteriores, el nuevo espacio aporta mucha más luz natural, mayor transparencia entre equipos, nuevas zonas para reunirse y un notable incremento del confort acústico.

Pero más allá de las decisiones técnicas, uno de los mejores indicadores del resultado fue la propia experiencia del cliente durante todo el proceso: un proyecto exigente, especialmente en la ejecución y los acabados, que terminó con un equipo satisfecho tanto con el espacio como con la forma en que se había desarrollado el trabajo.

Y quizá por eso la frase que mejor resume la transformación sea también la más sencilla: se hizo la luz.

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