
¿Espacios abiertos o cerrados? Una guía realista para no liarla
Recuerdo mi primera reforma de oficinas. Habíamos hecho un diseño precioso, plantas, colores suaves… y luego llegaron los planos abiertos: “¡Queremos colaboración, queremos creatividad, queremos pulso!”. Un par de semanas después, quejas por ruido, distracciones y gente que trabajaba desde la cafetería. A veces, sin muro de por medio, todo puede pasar de colaborativo a caótico.
Las oficinas abiertas (open space) y cerradas no son modas, son promesas (y a veces bien traicionadas). Veamos cuándo valen, cuándo no, y cómo no repetir los errores de otros.
El dilema de las interacciones, el ruido y la productividad
En los años 50, los hermanos Schnelle, en Hamburgo, introdujeron el concepto de open space inspirado en el movimiento Bürolandschaft, buscando eficiencia y democratización del espacio. Hermann Miller adaptó esa idea en Estados Unidos, en compañía como Bertelsmann. Era un diseño funcional y económico.
Pero en Harvard desmontaron el mito en un estudio donde concluyeron que los espacios abiertos reducen las interacciones cara a cara y disparan la comunicación digital (más Slack que conversación real).
Empresas que lo intentaron… y reajustaron
Tomemos a Nissan: en sus oficinas de Argentina y Brasil apostaron por open plans con mesas compartidas y boxes ocasionales, buscando colaboración y flexibilidad.
Otros gigantes como Microsoft o Cisco adoptaron modelos abiertos para fomentar creatividad y horizontalidad. Pero no todos viven del hype: esta necesidad de reinventarse también ha traído el regreso de cubículos, cabinas acústicas y salas silenciosas.
Pros y contras reales (no ficción corporativa)
Abierto:
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- Ventajas: ahorro en construcción, flexibilidad, colaboración espontánea.
- Riesgos: distracciones, falta de privacidad, estrés, menor concentración.
Cerrado:
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- Ventajas: control, concentración, confidencialidad.
- Riesgos: costes mayores, menor interacción, sensación de encierro.
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La clave no es elegir uno u otro, sino mezclar bien. Alternar según tareas, personas y cultura empresarial. De hecho, encuestas muestran que el equilibrio entre ambos modelos aumenta productividad e innovación hasta en un 32 %.
Lo último en diseño ejecutivo: “Quiet Computing”
En los últimos años ha emergido un enfoque llamado “quiet computing”: no es construir más paredes, sino diseñar para reducir distracciones físicas y digitales. Cabinas acústicas, paneles absorbentes, iluminación estratégicamente colocada y políticas de comportamiento (¿llamadas solo en zonas designadas?) hacen el truco.
Conclusión: No liarlo es una estrategia, no un azar
1. Evalúa el uso real del espacio: ¿Necesitas creatividad compartida o concentración intensa? Nuevas zonas apiladas no lo arreglan todo.
2. Aplica diseño flexible: usa zonas abiertas con respaldo cerrado para lo que realmente lo necesita.
3. Prueba antes de invertir: piloto mesas compartidas, pone cabinas acústicas modulares, mide el ruido. No te fíes del render.
4. Diseña con criterios, no con consignas: no es postureo. Que tu oficina respire con la operación del día a día, no que te vomite tickets de reclamos.
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